Esta es la introducción que hace
Encantada en su post y me ha parecido perfecta de modo que en lugar de intentar mejorarla la transcribo al pie de la letra:
Dice Encantada:
Últimamente he estado haciendo balance sobre lo que ha cambiado y lo que no desde que salí del armario con mis compañeros de trabajo, sobre lo que va mejor y lo que va peor, y en general, cómo es ahora mi relación con ellos.Cuando se trata de visibilidad, a veces siento que los mensajes que se lanzan están vacíos. La consigna es “sal del armario y todo irá mejor”, pero no se suele explicar qué es ese “todo” y si es realmente “todo” lo que cambia para bien. Por eso, me resulta interesante reflexionar sobre mi experiencia, y sobre todo, compartirla.A continuación intentaré volcar las reflexiones que la lectura de su post me han motivado:
Lo primero que se plantea Encantada es que ya no tiene que preguntarse si sus compañeros la estiman sólo por creerla heterosexual, aunque claro, esto trae aparejada la posibilidad de que estén fingiendo ser amistosos únicamente por ser 'políticamente correctos'.
En mi caso creo que si alguno de mis compañeros me estima, ese cariño o respeto que se ha desarrollado a lo largo de los años (la mayoría de las veces recíprocamente) nada tuvo ni tiene que ver con mi orientación sexual. Pero estoy de acuerdo con Encantada en que si alguien sintiera por mí aversión (a partir de mi salida del armario) no lo manifestaría delante de mí... y los que me quieren jamás vendrían con el cuento porque además de apreciarme saben positivamente que no me interesa saberlo.
Lo que sí siento, y esto puede ser sólo una impresión, es que unos cuantos piensan que el hecho de que hable abiertamente de mi orientación sexual en el trabajo le da a mis palabras y a mis actos en general, mucha más fuerza de la que podían llegar a tener antes. Quiero decir, me ven como una persona más auténtica y confiable (me refiero a la gente que no me conoce, porque los demás saben desde un comienzo cómo soy: digo lo que pienso y hago lo que digo).
Como dije, esto quizás sea una sensación producto de sentir que no tengo nada que ocultar, que nadie puede venir a decirme 'porque vos tal o cual cosa'.
En resumen, creo que el estar fuera me ha otorgado además de la libertad y el placer de poder hablar de mi vida de pareja delante de cualquiera, mayor credibilidad ante mis compañeros, especialmente los más jóvenes.
Contrariamente a lo que le ha pasado a Encantada, en mi caso no se ha instalado la homosexualidad como tema de conversación, pero sí en cambio yo me permito practicar el ejercicio constante de la no discriminación por lo menos en mi presencia. Si alguien consciente o inconscientemente hace alguna declaración homófoba o discriminatoria en general, entonces salgo yo a la palestra con todas mis argumentaciones y a nadie le sorprende (y lo soportan) porque saben muy bien de dónde viene ese, mi fervor por defender los derechos de todos.
En cuanto a lo negativo de haber salido del armario, Encantada menciona su incomodidad por haber decidido estar fuera para algunos compañeros y no para otros, cosa que a mí no me pasa, porque no he escogido delante de quién salir sino que ha sido algo paulatino y totalmente azaroso (aunque seguramente en el fondo de ese aparente azar ha de existir alguna motivación inconsciente).
Además, sospecho que cuando alguna de nosotras sale del armario en el trabajo, eso se convierte en una noticia (mejor dicho un
notición) que se esparce inmediatamente hacia el resto de los compañeros, de manera que pretender estar fuera para algunos y dentro para otros ha de ser tan sólo una ilusión...
Luego Encantada se cuestiona seriamente la posibilidad que tenemos los homosexuales de integrarnos en el mundo heterosexual... Describe muy bien esa sensación de que
mientras se mantiene la “ilusión de heterosexualidad”, se mantiene la “ilusión de integración”, algo tan fácil de comprender y emparentado de alguna manera con aquel primer ítem que planteaba la
presunción de heterosexualidad como una garantía de aceptación.
En cuanto a mi historia, nunca me he sentido demasiado integrada, y esto es algo que viene desde mi niñez, por lo que la idea o necesidad de integración no es algo que ocupe los primeros lugares en mi lista de prioridades. Así y todo comprendo que para los que sí lo sea éste ha de ser un punto crítico:
aislarse para ser o disfrazarse para pertenecer.
A propósito de este tema cito a Encantada:
'yo tengo muchas conversaciones estereotipadas con mis amigas lesbianas sobre las parejas de mujeres, y se trata de reforzarnos a nosotras mismas a través del humor y la caricatura, cosa que no puedo hacer con los heteros porque mi situación es diferente'.
Se me hace difícil comprender por qué no puede tener esas mismas conversaciones en un ámbito heterosexual... yo las he tenido y las tengo, es decir, si quiero hacer una broma acerca de las lesbianas la hago, obviamente la principal destinataria de la burla soy yo misma, y me parece una buena manera de desacralizar el tema. Recuerdo como ejemplo una ocasión en que recordábamos viejas épocas entre compañeros, y se mencionó a una persona que ejercía (despóticamente) un puesto de poder poco tiempo antes de que yo ingresara a mi trabajo, entonces yo comenté que había tenido suerte en no haber estado bajo las órdenes de esta persona porque... 'imagínense lo mal que me hubiera ido: mujer, rebelde y encima... ¡torta!'. Nadie se sorprendió por lo que dije porque fue dicho dentro de un contexto que lo hizo sonar muy natural, al contrario, todos rieron, del mismo modo en que hubiesen reído si en vez de torta hubiera dicho: ¡hincha de Boca!*.
Otro ejemplo de cómo uno puede integrarse en una conversación aparentemente monopólicamente hetero fue una charla reciente que tuve con un compañero heterosexual que se estaba separando: yo traté de levantarle el ánimo y decirle lo que desde el corazón creía que podría ayudarlo, haciendo un parangón con mi separación (aclarando cada tanto -y sólo por regodearme delante de los demás- que las dos éramos mujeres pero que para el caso 'era lo mismo').
Para concluir este breve análisis de las consecuencias que tuvo mi 'visibilidad laboral' quiero destacar que las peores reacciones provinieron paradójicamente de los homosexuales que trabajan en el mismo lugar (cuando digo homosexuales me refiero a gays y lesbianas). Justamente han sido los homosexuales armarizados y no los hetero quienes me han dado vuelta la cara. LLamativo, ¿no les parece?.
P.D. 1: agradezco a Encantada por su post que como tantos ha sido fuente de inspiración y reflexión y especialmente por la originalidad de la temática que plantea en
'Repasando mi visibilidad laboral' cuya lectura recomiendo.
P.D. 2: para las que no sigan mi blog aviso que mi visibilidad laboral comenzó hace muuuchos años y aún continúa.
* en referencia a
Boca Juniors uno de los dos más grandes clubes de fútbol de Argentina, junto a
River Plate.